Predigten von P. Martin Löwenstein SJ

Homilía del Domingo 18 del ciclo litúrgico C, 1998

1ª Lectura Ecl 1,2; 2,21-23
2ª Lectura Col 3,1-5.9-11
Evangelio Lc 12,13-21

1. Vanidad

  • Vanidad –todo lo que hacemos se queda en vanidad. La lectura del libro de Qohélet parece totalmente ligada al escepticismo y al goce. Vivir y gozar en el aquí y ahora es todo lo que queda – así parece escucharse –. Un profundo escepticismo se expresa con estas palabras. Uno no espera de la vida aquí nada más importante.
  • Pero el texto permite leerse también de otro modo totalmente diferente. ¡Qué alegría! No tengo que dejarme desconcertar por el éxito - dinero y todo lo de los demás. El que los otros parezcan ser más afortunados no es señal de que sean mejores seres humanos.
  • El predicador Qohélet canta la relatividad del éxito y de la riqueza. Son cosas penúltimas. Tenemos la responsabilidad de poner en juego nuestros dones y cuidar de nuestra familias

2. Muertos vivientes

  • La imagen contraria es el rico labrador del Evangelio. Él hace algo diferente. Con la decisión de descansar sobre sus provisiones ya está verdaderamente muerto porque ya no espera nada más de la vida.
  • Lo que para Qohélet es vanidad, para él es lo único. No quiere ni necesita más. Para Qohélet alguien así es como un muerto ambulante.
  • No vivimos anclados en el pasado. “El sentido de la vida”, dice Jesús, “no consiste en que un ser humano viva en la abundancia a causa de su gran fortuna”. Examinado con precisión, así vive un hombre sólo del pasado.

3. Futuro

  • Para Jesús la vida siempre es apretar el paso hacia el futuro. Pero esto no precisamente en esta estrecha escala con la que justamente se mide el futuro por nuestra cuenta bancaria.
  • Tampoco el acopio de riquezas - sea dinero o prestigio - es ningún futuro. No en vano se derrumba más de uno, si ha procurado y tenido éxito a lo largo de la vida y después en la crisis, cuando de una vez se retira del carrusel del éxito, es viejo o incluso enfermo.
  • De la sugestión del éxito y de la limitación de las pre-visiones sólo llegaremos a liberarnos si esperamos la plenitud de Dios y reunimos tesoros ante Él. Esto tiene como precio el valor de burlarse de muchas cosas considerándolas vanidad, de lo que es adorado por la gran mayoría como becerro de oro. Amén.

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